Sala 01

    Exhibe la muestra “Mitos y realidades”, dedicada al imaginario que las ballenas han despertado desde siempre en la humanidad, expresado en mitos, oraciones, rituales y también en la literatura.  Los textos son de Jacqueline Balcells y Karin Gauer, residentes de Quintay. Las ilustraciones de los textos son de Lucía Abarza Villalobos.

Nun, la gran ballena

La tradición islámica cuenta que la tierra, una vez creada, se balanceaba sobre las aguas. Entonces Dios envió a un ángel a sostenerla sobre sus espaldas.

Para que el ángel pudiera apoyar sus pies, Dios creó una roca verde sostenida por los cuernos de un toro de cuarenta cabezas, cuyas patas se apoyan en una ballena. Esta ballena es tan inmensa, que todas las aguas del mar reunidas en una de sus narices serían como un grano de arena en el desierto.

Como la tierra reposa en el ángel, el ángel en la roca verde, la roca verde en el toro, el toro en la ballena, la ballena en el agua y el agua en el aire y las tinieblas, resulta que toda la estructura depende de los movimientos de la ballena.

Iblis, el demonio, tienta a la ballena para que se libere de su carga y los terremotos se deben a los sobresaltos de la ballena.

Para que la ballena no sucumba a la tentación, Dios envió un animalito que entró por una nariz de la ballena y llegó hasta su cerebro. El gran pez gimió e imploró a Dios que dejara salir a la pequeña bestia. Dios la hizo salir, pero ésta permanece frente a la ballena, amenazándola con volver a entrar cada vez que ésta intenta moverse.

Palabras de Neruda

La ballenera de Quintay, vacía

con sus bodegas, sus escombros muertos,

la sangre aún sobre las rocas, los

huesos de los monárquicos cetáceos,

hierro roído, viento y mar, el graznido

del albatros que espera.

 

Se fueron las ballenas: ¿a otro mar?

¿Huyeron de la costa encarnizada?

¿O sumergidas en el suave lodo

de la profundidad piden castigo para los océanos chilenos?

¡Y nadie defendió a las gigantescas!

 

Hoy, en el mes de julio

resbalo aún en el aceite helado:

se me van los zapatos hacia el Polo

como si las presencias invisibles me empujaran al mar,

y una melancolía grave como el invierno

va llevando mis pies

por la deshabitada ballenera.

Moby Dick

En Chile se incubó la leyenda de un feroz cachalote que merodeaba en torno a la Isla Mocha, frente a Concepción, y fue base para la más famosa novela de Herman Melville (1819-1891), «Moby Dick».

«Las aguas que le rodeaban se iban hinchando en amplios círculos; luego se levantaron raudas, como si se deslizaran de una montaña de hielo sumergida que emergiera rápidamente a la superficie. Se intuía un rumor sordo, un zumbido subterráneo… todos contuvieron el aliento al surgir oblicuamente de las aguas una mole enorme, que llevaba encima cabos enmarañados, arpones y lanzas. Se elevó un instante en la atmósfera irisada, como envuelta en una grasa de finísima textura, y volvió a sumergirse en el océano. Las aguas, lanzadas a treinta pies de altura, fulgieron como enjambres de surtidores para caer luego en una vorágine que circula el cuerpo marmóreo de la ballena. -iAvante!- gritó Ahab a los remeros. Y las lanchas se precipitaron al ataque… «

(Herman Melville, Moby Dick)

El Amitori

En el siglo XVI, la caza de ballenas se realizó en Japón siguiendo un método peculiar que se conoció como Amitori.

Los cazadores se repartían en unas veinte o treinta barcas y formaban un círculo alrededor de la ballena, extendiendo sus redes. Entonces comenzaban a gritar y golpear los costados de sus barcas. La ballena, asustada, se hundía, metiéndose entre las redes.

Los pescadores, aguardaban entonces a que subiera a la superficie a respirar y le lanzaban los arpones.